Los hijos quieren a sus padres
Los hijos quieren a sus padres. Ayer me escapé a unas jornadas de comunicación que organizamos, una vez al año, algunos amigos que nos dedicamos a esto de la opinión pública para precisamente charlar y compartir experiencias que siempre es positivo y útil. Al volver a casa me recibió mi hijo pequeño, ocho años y en su año de recibir la Comunión. Esta feliz y muy motivado. Su actitud ante la vida, su desenfado y confianza en sí mismo me da ánimos y fuerzas a diario. La sorpresa es que él mismo abrió la puerta de casa. Me decía después que oyó mis llaves y la puerta del ascensor. Bien, después de un abrazo de los que de aupa – con esta lumbalgia maravillosa – me pregunto si podía jugar con él. Que estaba harto de estudiar, de cumplir con sus encargos y que lo más quería en el mundo – y en ese momento – era jugar conmigo.
Este gesto de cariño me confirmó que el juego entre iguales y el afecto son los ejes que mueven la felicidad de la infancia. Precisamente por esta búsqueda y necesidad de reafirmarse en nuestra familia damos mucha importancia a los amigos, sean los de nuestro matrimonio como los de nuestros hijos. Según un estudio del Grupo Editorial Bayard (según leo en The Family Watch) la inmensa mayoría de los niños prefiere pasar los ratos de ocio con sus amigos (98%), seguida de la compañía de los abuelos, con quienes el 87% de los encuestados aseguró encontrarse especialmente a gusto”. Claro, cuando te encuentras a amigos veteranos en las lides de la vida te cuentan que andan estresados, entretenidos (según la personalidad de cada cual) y ocupados con los hijos de sus hijos. La vida, pienso, es injusta y mal pensada. Me refiero a que los padres deberíamos de disfrutar más de nuestra prole en edad joven y no cuando nos llegan esos achaques que ya no tienen apenas remedio a no ser por una desproporcionada indigestión de fármacos que lo único que te produce es una sensación de vértigo nada aconsejable.
Dicho esto, me encanta saber que los más pequeños encuentran sus mejores momentos del día (81%) en el colegio, entre sus compañeros de clase, cuando juegan al fútbol en el recreo o cuándo un sábado a las nueve de la mañana nos citan para jugar con un equipo contrario dispuesto a darlo todo con tal de arañar los puntos necesarios para auparse a los mejores puestos de la liga. Es curioso, y me reafirma el recibimiento de mi hijo, que el 56% de los niños desearía pasar más tiempo con sus padres y tenerlos, incluso, como compañeros de fuego que no como amigos que es distinto. Lo mismo opinaría si me preguntaran a mí. Respondería que uno de mis mayores anhelos es tener más tiempo disponible para jugar a lo largo de la jornada (en los niños un 49% opinan así) y que prefiero ser escuchado, querido antes que colmarme de bienes.
Me pregunto que este anhelo mío, quiero pensar, que se puede extrapolar al resto de padres. No lo sé. En mi caso, no hay semana que diga al tutor de mi hijo que adelante sus deberes en el colegio (sacrificando su tiempo de ocio al mediodía) para luego en casa disfrutar de su conversación y debate de ideas. Sí, mi hijo es una persona que te rebate las ideas y está deseando aprender. Ayer, a la noche, precisamente hablamos de los periódicos y del mundo de la prensa digital. Mi hija participa, también, y de manera muy activa. Es muy leída y cultivada. Me encanta. Al hijo, palabras a su medida y sencillas. Mejor así. Pero claro, sus deberes le llevan más de un día a ocuparle unas tres horas diarias que si sumas la merienda, la ducha, y la cena resulta que finalizas las jornadas agotado, enfadado, sin tiempo de ocio familiar.
Por ejemplo, en nuestras conversaciones nos hablan de sus alegrías, de sus tristezas, de sus conquistas y conversaciones con el resto de sus iguales. Así te enteras que cuando les enviamos a comprar el pan o a casa de sus abuelos sufren miedo de perderse en la calle o de encontrarse con esa pandilla de chavales (los anteriores se encuentran cumpliendo condena en reformatorios) que se dedican a insultar, robar y pegar a nuestros hijos sin que nadie o a quién corresponde ponga coto a esta barbarie. En fin. Precisamente este estudio que mencionó afirma eso, que el 62% de los niños tienen miedo a perderse en la calle aunque, es curioso, que un 48% afirma no tener miedo a nada.
Un resumen muy sencillo de todo lo explicado hoy aquí es que el deber de los padres es estimular a los niños, fomentar la convivencia entre ellos y otros valores, así como desarrollar el descubrimiento y su compresión del entorno. Una tarea ardua, cansina, compleja pero muy bonita. Todo un reto que algún día nuestros nietos nos lo agradecerán. Buenos días.

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Posted on Lunes, febrero 9 2009
Author: admin
Filed under: Blogs, Comunicación y RRPP, Cultura, Curiosidades, Editorial, Educación, España, Historia, infancia, Justicia, medios de comunicación, Mújeres, Opinión, periodistas, Personas ejemplares, Política, Tecnología, Vivir
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Una reflexión muy de actualidad y oportuna. Siendo algo crítico con sus opiniones me pregunto que sería de la sociedad sin el trabajo de los que pueden aportar más, en este caso los jóvenes. Saluds,