La eutanasia y el caso de Eluana
La eutanasia y el caso de Eluana. Esta mujer de 38 años, Eluana Englaro, falleció ayer a las 20’10, por falta de alimentación. Un juez autorizó esa acción, unos médicos la ejecutaron con permiso del padre. Italia llevaba dividida por este caso desde hace años. Aquí en España se supo de la lucha por la vida de esta joven hace tan solo unos días y todos hemos opinado de alguna u otra manera sin saber que nuestra opinión no es lo importante. De lo que se trata es de salvar o condenar vidas.
Franco Cuccurullo ya dijo ayer que Eluana no se estaba muriendo por la patología que estaba sufriendo sino de hambre y sed. Este italiano, médico, preside el Consejo Superior de Sanidad que es un órgano técnico consultivo del Ministerio de Sanidad italiano. Vamos que no es un cualquiera. Todo lo contrario, una voz autorizada y de prestigio. Dijo que respetaba la sentencia de la magistratura, cómo no, pero que no la comparte.
Me comentó hace poco un amigo americano, médico, que en estos casos un especialista se da cuenta perfectamente si un paciente en estas situaciones tiene impulsos de vida. Que para parar éste es necesario suspender la alimentación y la hidratación. No hay vuelta de hoja.
Y digo yo qué opinarán nuestros legisladores o nuestros gestores de la cosa pública sobre la vida humana y cuál es su definición de persona humana. Los católicos pensamos, en estos casos, que la religión refuerza – sin duda y sin complejos – la naturaleza humana. Afirmar esto me traerá críticas, desprecios al no unirme a lo políticamente correcto de la actual corriente de opinión. Me es igual.
Rogelio Altisen, viejo amigo, médico, profesor de Bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, me decía ayer que en situaciones así es un derecho y una obligación proporcionar unos cuidados elementales, paliativos. Si a un bebe le quitamos la alimentación se muere. Si a mi padre, enfermo de parkinson desde hace veinticinco años, le quitamos esos cuidados básicos se nos muere, le matamos. Y no digamos a un impedido o a un anciano. Y en el caso de Eluana, estaba viva. Respiraba ella sola. Vivía por sí misma sin necesidad de máquinas o tecnologías extraordinarias. Me dirán ustedes que sufría y mucho. También su familia. Claro y entra en lo posible.
Cuando mi mujer y yo decidimos casarnos, formar una familia, nos comprometimos a querernos en la salud y enfermedad, en las tristezas y alegrías, en el dolor y en el placer. También en la riqueza y en la pobreza. Una parte por el ejemplo de nuestros padres respectivos. De otra, por nuestras profundas convicciones morales que es la base de nuestro matrimonio.
Y nuestro estado matrimonial es un compromiso mutuo en el que nos aceptamos tal como somos y en el que nuestro fin común es la felicidad del otro. Lo más quiero en este mundo es que mi mujer, compañera de viaje en este valle de lagrimas, comparta conmigo TODO. Por eso quizás me explique a diario porque no tengo miedo a enfrentarme a la realidad, miedo al fracaso, miedo a la enfermedad. Yo que sé. A esto lo llamo valores.
Ya ven. Tengo claro que no soy un cobarde y que no me asusta las incomodidades ni la falta de bienes materiales. Sí que me conmueve, y mucho, comprobar cómo el derecho del ser humano a la vida, a vivir, no es respetado. Si esta sociedad en la que vivimos no es capaz, por vía racional al menos – de ver que Eluana era un ser humano con todos sus derechos, no existen argumentos para que los no nacidos puedan vivir o que los discapacitados o mi padre que padece parkinson requieran de los cuidados de mi madre y no los dejemos morir. No habría argumentos ni siquiera para respetar la vida de nuestros vecinos. Total decidiríamos sobre la vida de los demás por pura discriminación. Me da pena. Volveríamos a los tiempos de Hitler o Stalin y entonces, sólo entonces, me daría cuenta que un siglo no es nada. Buenos días.

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Posted on Martes, febrero 10 2009
Author: admin
Filed under: Blogs, Cultura, Editorial, Educación, España, Europa, Historia, infancia, Justicia, medios de comunicación, Mújeres, Opinión, periodistas, Política internacional, Religión, Vivir
Tagged: Adolfo Hitler, Clave de luna, Consejo Superior de Sanidad, cuidados paliativos, debate, derecho a la vida, Eluana Englaro, eutanasia, Fernando Seco, Franco Cuccurullo, Javier Moncasi, Mariana de Alvear, matrimonio, Moncasi de Alvear, Opinión, parkinson, Rogelio Altisen, Silvio Berlusconi, Stalin, Vivir
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Comparto tu preocupación. Una sociedad que relativiza el valor de la vida es una sociedad que carece de cimientos para mirarse a si misma con perspectiva.
Es un gusto escuchar a Altisent, con el que he tenido la oportunidad de trabajar, y es gracias a gente como él, que dan la cara (y a millones sin rostro que quieren justicia), que aún podemos soñar con un mundo justo donde se tenga en cuenta dignidad como la miraba Kant; como tener valor por si mismo y no para ni mediante nada.
[...] La eutanasia y el caso de Eluana. Leo una reflexión interesante. [...]