José de Espronceda a Diego de Alvear y Ponce de León
José de Espronceda a Diego de Alvear y Ponce de León. “A D. Diego de Alvear y Ward con motivo del fallecimiento de su amado padre, D. Diego de Alvear y Ponce de León, brigadier de Marina”.
¿Qué es la vida? ¡Gran Dios! Plácida aurora
cándida ríe entre arreboles cuando
brillante apenas esclarece una hora.Pálida luz y trémula oscilando,
baja al silencio de la tumba fría,
del pasado esplendor nada quedando.Allí la palma del valor sombría
marchítase, y allí la rosa pura
pierde el color y la fresca lozanía.No alcanza allí jamás de la ternura
el mísero gémido ni el lamento,
ni poder, ni riqueza, ni hermosura.Sobre yertos cadáveros su asiento
erige, y huella la implacable muerte
armas, arados, púrpuras sin cuento.Mísero Albino, doloroso vierte
lágrimas de amargura; a par contigo
yo gemiré también tu infausta suerte.Y si el nombre dulcísimo de amigo,
si un tierno corazón alcanza tanto,
tus penas ¡ay! consolorás conmigo.El tormento, el dolor, la pena, el llanto
debidos son de un hijo cariñoso
al triste padre de quien fue el encanto.Mas no siempre con lluvias caudaloso
el valle anega montaraz torrente,
ni encrespa el mar sus olas borrascoso;no siempre el labrador tímido siente
el trueno aterrador, ni el aire mira
desprenderse veloz rayo luciente.Y en todos juntos renacer miraba,
de nombre a par, su antigua lozanía
y tierno en contemplaros se gozaba.¿Por qué tu, ¡oh muerte! arrebataste impía
al que de tantos tristes la ventura
y el noble orgullo de la patria hacía?Fuente a eterno dolor abrió tu dura
mano, y tús saña y cólera cebaste
a un tiempo en la inocencia y hermosura.Y que cítara triste habrá que baste
lúgubre a resonar en sordo acento
cual de su dulce esposa lo arrancaste?La noble faz serena, el pecho exento
de tormento roedor, dulce y tranquilo
dio entre sus hijos su postrer aliento.Y ya cayendo de la parca al filo,
cual se oscurece el sol en Occidente,
va del sepulcro al sosegado asilo.Gemidos oigo y lamentar doliente,
y el ronco son de parches destemplados
y el crujir de las armas juntamente.Marchan en pos del féretro soldados
con tardo paso y armas funerales
al eco de los bronces disparados.Y entre fúnebres pompas y marciales,
en la morada de la muerte augusta,
las bóvedas retumban sepulcrales.¡Ay! para siempre la losa adusta,
¡oh caro Albino! le escondió tus ojos,
más no el bueno murió; la parca injusta
roba tan sólo efímeros despojos,
y alta y triunfante la alcanzada gloria
guarda en éternos mármoles la historia.

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Posted on Martes, febrero 17 2009
Author: admin
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Preciosa elegía.
Un abrazo