El uniforme de la educación
El uniforme de la educación. El pasado lunes se celebró el “Día Mundial del Docente”, instituido por la UNESCO hace quince años, un día en el que se resaltó la necesidad de invertir en los docentes para construir un mundo mejor. La idea es clara, rendir un homenaje a los maestros en un momento en que la sociedad y los padres cuestionan su autoridad. Los expertos dicen que uno de cada diez docentes padece el llamado síndrome de “Burn out” o “estar quemado”. Las causas, la falta de valoración social en su trabajo (apoyo social); la falta de medios, tiempo y recursos (apoyo material) para desempeñar dignamente sus tareas; la dureza del mismo (alumnado conflictivo, exceso de responsabilidad) e incertidumbre ante la educación como cuestión de Estado tras sufrir año tras año ese cambio normativo que perjudica no sólo a la profesión sino a nuestras futuras generaciones.
La educación es la base de la sociedad y ahora que sufrimos la mayor crisis de nuestra historia deberíamos de reflexionar porqué la actual es una crisis de valores, ya lo dice Leopoldo Abadía. El asunto es grave. La sociedad, convendrán conmigo, está llamada a revisar los roles tanto del profesor, familia y alumno. En épocas pretéritas el alumno percibía la tarima como un elemento de autoridad que marcaba distancia. El maestro acometía su tarea a “vista de pájaro” y pruébese alumno alguno a osar interrumpir al señor profesor. Eran otros tiempos. El concepto de enseñar se unía el de autoridad, pero hoy en día se aprecia – se quejan los maestros – un bajón en el respeto de la familia por el profesor. Es necesario que las familias envíen a sus hijos al colegio con la idea de que es muy importante aprender y que, para ello, es importante la disciplina y el respeto. Claro, si se pierde en los hogares el respeto por los mayores cómo no van proyectar esa misma conducta en el profesorado, les pregunto a ustedes.
Si pensamos en Aragón convendría pensar en ese nuevo uniforme educativo aragonés. Ya sabrán que el colegio público (CEIP) Miralbueno decidió que su alumnado incorporara de forma voluntaria el uniforme como prenda de vestir en el centro, una medida que provocó más de una sonrisa irónica de algunos y el enfado de otros. No va a ser este que escribe quien se muestre a favor o en contra de esta medida, pero esta aparente anécdota tiene su importancia debido al matiz de pluralidad que aporta a los padres aragoneses de la pública.
En la enseñanza pública, al menos la española, por un lado el uniforme es denostado (excepto en el CEIP Miralbueno) y, sin embargo, ha uniformado a los colegios públicos. Me refiero a que se ha implantado el uniforme de la jornada partida sin dar opción a que cada colegio sea libre de escoger el tipo de jornada más acorde a sus necesidades; se ha impuesto el uniforme de los exámenes de recuperación en junio sin tener en cuenta la opinión de la inmensa mayoría de esos verdaderos profesionales de la educación, los maestros; han paseado el uniforme de la falsa gratuidad de los libros (prestados o dados) sin tener en cuenta otras opciones más didácticas, equilibradotas y económicas (acorde al bolsillo familiar); y han uniformado la elección de centro de manera cada vez más restrictiva. Un gran número de profesores de la escuela pública, consultados por este que les escribe, se preguntan el motivo de no abrir el abanico de para que padres, y docentes, ejerzan su derecho a elegir el mejor centro que consideran para la educación de sus hijos.
Soy de los que pienso que lo que el profesorado necesita de los políticos es un respaldo jurídico. Así lo piensa la inmensa mayoría de la comunidad educativa que exige que el gobierno, clase política, se de cuenta de una vez por todas que la autoridad moral descansa sobre el soporte de la autoridad pública para que la moral sea más fácil de implantar. La autoridad que el maestro tiene que ganar es la moral y ésta se gana a base de la profesionalidad y el trato respetuoso hacia el alumnado y sus familias. ¿Pero qué me dicen si éstas cuestionan delante de sus hijos su autoridad en el aula?. ¿Qué deben de hacer los maestros?
Sin el apoyo de la sociedad, de la clase política, de los colegas y de las familias dudo mucho que el futuro se despeje y éste pasa por revalorizar la actividad docente incluso desde los medios de comunicación. Me pregunto qué pasaría si los guionistas de series de televisión, los directores, las empresas audiovisuales o las que financian esas series se comprometiesen a difundir una imagen real de los colegios, de los institutos, de las escuelas, poniendo en valor a esos profesionales que han ganado unas oposiciones o su puesto de trabajo. Me atrevo a pensar que por lo pronto los alumnos no trasladarían esos valores negativos, que ahora ven en la televisión, a sus centros. La responsabilidad de la industria del entretenimiento es tan transcendente como la de los maestros en transmitir a los niños conocimientos y valores. La educación no es un uniforme a gusto del consumidor, es un asunto de Estado.
Posted on Wednesday, October 7 2009
Author: admin
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Estando de acuerdo con el fondo del artículo, puntualizaría: la eduación más que un asunto de Estado es un asunto de TODOS. Libertad en el modelo, control de la calidad. Estos socialistas cuando alguien dice que algo es asunto de Estado, piensan que es “exclusivo” de ellos que son los dueños del Estado.
La educación es asunto de todos, dices bien. Aún así el estado está obligado, es lo que demandan los padres, a actualizar ese “Pacto de Estado” en en el que se sumen todos los partidos políticos. Unos pactos, no sólo en los asuntos económicos sino en aquellos de los que depende el futro de nuestra sociedad.
Saludos y gracias,
[…] cercanos a cada domicilio. Motivos; ahorrarían a los padres gastos y tiempo de desplazamiento, mejorarían su relación con los tutores y la comunicación entre niños que son […]