La lucha por Caja Madrid
La lucha por Caja Madrid. El filósofo Platón proponía que gobernaran los sabios, mejor que los necios. Jean Sarkozy, hijo de su padre, a propósito del escándalo suscitado en Francia al hacerse público que el presidente de la República quería nombrar a su hijo como presidente del EPAD – empresa pública que gestiona uno de los barrios comerciales más grandes de Europa -, decía aquello de “Quiero que se valoren mis acciones y logros, no mi partida de nacimiento”.
Las reflexiones de la praxis política en torno a la elección de los gobernantes idóneos siempre se han encaminado a preguntarse cómo asegurar que los mejores, los más competentes y honestos, accedan al poder. Antes que eso, ¿cómo identificarlos y lograr que se interesen por lo público? Estoy con el filósofo que un político irreprochable debería de renunciar a una vida privada y a patrimonio, y si le viene de familia o de su prestigio, más beneficioso para la sociedad gobernada pues no tocará caja alguna.
Ahora que tanto se habla y escribe de las cajas de ahorro, esas entidades financieras manejadas por la clase política a su antojo en un buen número de comunidades autónomas, debería de primar el mérito, la valía, el criterio propio de sus dirigentes más que la lealtad y los lazos de parentesco. Estos días vivimos episodios tristes y poco ejemplares en torno a Caja Madrid, la cuarta entidad financiera española, y el partido de la oposición que parece más preocupado en situar a parientes, amigos y bienhechores en cargos de responsabilidad. Esta caja trasciende las fronteras madrileñas y tiene, además, muchas llaves del reajuste económico de España. Una de ellas, la de las fusiones de las cajas de ahorro y la segunda, la de la gestión de muchas de las empresas españoles. Es decir, que un futuro presidente debería de aunar un perfil de prestigio, solvencia, profesionalidad en el manejo de lo económico, una confianza en el mercado y en especial, en estos momentos, que vivimos una crisis galopante.
El escándalo actual que protagonizan Aguirre y Gallardón, salpica el buen nombre de la Caja en el mercado y perjudica seriamente a su clientela y accionistas. Es un episodio que no dice nada bueno de cómo se entiende y practica hoy la política y la administración de la cosa pública. Los ciudadanos asistimos a esta comedia estupefactos, sin reaccionar. Nuestro pasivo, y no el de la caja, es el gran problema. Estas disensiones son letales no ya sólo para el futuro de un partido político sino para la credibilidad de un sistema. Sigo sin saber qué opina al respecto Luisa Fernanda Rudí, la candidata a la presidencia de Aragón. ¿Es qué la gestión de las cajas aragonesas no es modelo exportable?

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Posted on Miércoles, octubre 28 2009
Author: admin
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