La tapia
La tapia. Milímetros es lo que separa la intimidad de la civilización, reguero de vida. Generaciones a la sombra de palmeras, supervivientes de vientos y de cornadas. Testigo de amores, refugio de guerras, oasis de madres, forjadora de caracteres y crecimientos. Nació la infancia, crecieron en la adolescencia y cuajaron en su madurez. En sus muros, celebraciones de banquetes, conciertos, encuentros familiares y bodas.
Escuela de aprendizaje para los más pequeños. A los niños se les enseña a ver la vida bajo lentes optimistas, aunque hoy en día la cirugía hace milagros y se olvida que la dignidad es lo que nos convierte en seres especiales, únicos, útiles a la sociedad. La prepotencia, en cambio, no lleva a ninguna parte y se equivocan quienes piensan que los fuertes suelen ganar y los débiles perder. No siempre es así, aunque la vida nos enseña lo contrario.
Abuelo diseño y construyó un puente, de madera, que separa el verde de la imagen de Nuestra Señora de Lourdes que viste de azul y blanco. Es parada obligatoria, uno a uno o en grupo. Especialmente en conmemoraciones señaladas. Ya abuela, que nació en su día, les enseño con su ejemplo a regarla de flores. El huerto se asemeja al jardín del edén. Me lo imagino, paseando entre rosales, buganvillas, perales. Vigilo el fruto de sus manzanos, no vaya a ser que alguno ande podrido aunque es difícil. Tentaciones, las menos, y fuera de sus muros. No vale perder el tiempo en asuntos ajenos, sí en cambio en corroborar cada día que la honradez vale muchísimo más que el dinero. Éste lo corrompe todo, está claro. Lo dice aquel que lucha en la vanguardia de este país, un luchador nato. A veces no se le comprende, sus reacciones, sus quejas constantes del estado de la nación pero hay que vivir allí dónde el mal acecha.
Afuera de esos muros siempre hay uno que es más listo o poderoso, pero en ese oasis se sabe que nadie es superior a nadie, todos somos iguales, el ser importa más que el tener. No existen jerarquías. La cuna no es lo importante. La frontera es el amor y el de los nuestros es impagable, no tiene precio. Hay que ser valiente, mirar de frente al peligro, no doblegarse ante el abuso, denunciarlo si es preciso, desahogarse. Es un respiro para afrontar la vida y lo que nos rodea.
Hoy el huerto sufre acoso y derribo, lo quieren eliminar pero los poderosos no saben que los que velan por preservar sus recuerdos – quijotes de la libertad – nunca se amedrentaran, tienen oficio, cintura, historia y a sus hijos. Al principio la tierra se transformó en cemento, la industria de las emociones dio paso a la especulación pero a los héroes actuales la vida les trata bien, aunque no se palpe el momento. Les pasa lo mismo que a los vinos añejos, cada día que pasa sus aromas y fragancias escondidas bajo sus muros elevan su categoría humana.
Mirando la tapia aprende uno a crecer en autoestima. Los dígitos es lo de menos, lo importante es que esos milímetros que separan la intimidad de la civilización ha contribuido, sin duda, a que los débiles disfrutemos alguna vez de un éxito redondo, sonoro, merecido aunque sólo se oiga en el interior de ese oasis perdido.
Posted on Thursday, October 29 2009
Author: admin
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