El punto sobre las íes de los abusos sexuales de los sacerdotes
El punto sobre las íes de los abusos sexuales de los sacerdotes. Me produce rechazo leer, día tras día, que en los abusos sexuales con niños (pederastia) se vean involucrados hombres que añaden al horror de este crimen la condición de personas que deberían ser particularmente ejemplares y delicadas, puesto que representan a la Iglesia. La doctrina de Cristo sobre este punto es taxativa: al que escandalice a uno de estos pequeños más le valdría que le ataran una rueda de molino al cuello. A la vista cómo se están dando estas noticias cabe, sin embargo, hacer algunos comentarios. El primero y el más grave; asombra la cantidad de falsas informaciones a la hora de involucrar al Papa, denunciadas incluso por el propio Wall Street Journal. Aclaremos. Hasta el año 2001 no es el Vaticano sino las diócesis quienes se encargaban de hacer frente a los casos de abusos sexuales de sacerdotes. Esto provocaba retrasos, y al final los procesos internos eran pocos y lentos. Para acabar con esto, Juan Pablo II decidió en el 2001 que la Congregación para la Doctrina de la Fe se encargase directamente de estos delitos. En aquel momento el Cardenal Ratzinger se convierte en el punto de referencia en este problema y su primera medida (permitir que en los casos en los que el delito era evidente, se impusieran directamente sanciones a los sacerdotes, es decir, sancionaba enseguida a los culpables sin necesidad de un juicio) fue muy criticada. Desde entonces, ésta se ha aplicado en 1800 casos: el 60% de los 3.000 que han llegado al Vaticano. En el resto de los casos; el 10%, fueron expulsados del sacerdocio directamente; un 10% solicitaron dejar de ser sacerdotes y un 20% fueron juzgados. Una vez elegido Papa, Benedicto XVI, decidió que una de sus prioridades era acabar con los abusos sexuales. A pesar de las fuertes resistencias, durante su primer año de pontificado condeno por estos delitos a dos famosos sacerdotes. Se trataba del sacerdote italiano, Gino Burressi, fundador de la Congregación de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, y el sacerdote mejicano, Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. También es el primer Papa de la historia que ha abordado los abusos con un documento especial: la carta a los católicos de Irlanda de marzo de 2010. Se trata de un documento que levantó gran expectación en la prensa internacional en la que el Papa acusó a los Obispos culpables de haberle traicionado. La crisis de los abusos sexuales tiene dos aspectos: los sacerdotes que han abusado y los obispos que no han actuado para evitarlo. Quien esté al corriente de la respuesta del Vaticano a los abusos sexuales, sabe que Benedicto XVI no es parte del problema sino parte importante de la solución, pues a la vista de los datos expuestos el actual Pontífice reabrió casos que habían sido cerrados, hizo más que nadie para procesar casos y hacer responder a los abusadores (2001) y se convirtió en el primer Papa en hablar con las víctimas.
Me temo que lo que hay detrás de estos ataques es una campaña de descrédito hacia todo lo católico; si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Lo importante es la insinuación: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño. Bajo estas premisas no extraña que los promotores de esta campaña lancen al vuelo preguntas como; ¿Qué buen padre llevará a sus hijos a la iglesia el domingo? ¿Qué buena madre hará curar a sus pequeños en un hospital o en una clínica católica? ¿No necesitan esos padres un cursillo previo a su decisión de colocar a su retoño en semejantes laboratorios de retroceso?
Si les menciono dos nombres, Jeff Anderson y Mike Finnegan, probablemente no sepan quienes son; pero si les digo que son los dos abogados de cinco hombres que han enjuiciado a la Archidiócesis de Milwaukee por abusos sexuales, y que se embolsaron en el año 2002, sesenta millones de dólares en acuerdos con la Iglesia, probablemente se sorprendan. Según el John Jay College of Criminal Justice, los sacerdotes acusados de pedofilia, en Estados Unidos, fueron 958 en 42 años y las condenas, 54; algo más de una al año, sobre un total de casi ciento cien mil sacerdotes y religiosos en el país. En ese mismo periodo y en ese mismo país, los profesores de educación física y entrenadores condenados por semejante delito fueron 6.000, en su mayoría casados. Como es lógico, a nadie se le ha ocurrido la infamia de insultar a todos los profesores de educación física del mundo. Entonces, ¿perseguimos a la Iglesia o perseguimos el delito? Si lo que preocupa realmente es el delito, quizás se debería de prestar más atención a los 228 abusos de menores que se cometen cada hora en América Latina, por hora y en su zona, no en 50 años y en el mundo.

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Posted on Lunes, abril 19 2010
Author: admin
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