Telaraña
Telaraña. Presenté estas líneas al IV Concurso de Relatos Cortos de Heraldo de Aragón, con motivo del Día de Libro que se celebra hoy. El motivo de enviarlo era el de divertirme un rato, aprender y ganar experiencia en el arte de la escritura. A mi familia, que me ven con buenos ojos- les digo que sólo aspiro a que el jurado me lea. Sólo eso.
Me tropecé con él bajando las escaleras. Las puertas de barrotes cuadrados, tupidos, separaban unas estancias de otras; lúgubre, techo alto, humedad, ruidos por el continuo transitar de personajes de lo más variopinto. Minúsculo, poco más de tres metros cuadrados, carecía de timbre o interfono. A ras del suelo, una colchoneta y manta, ambas ignífugas. Al lado, pared con pared, se oían conversaciones ininteligibles. Luego supe que la noche anterior hubo redada. Nueve rumanos, ex mercenarios, convivirían así más de cuarenta y ocho horas. Hacinados. A las dos horas escuché un ruido, alguien abrió la puerta, de nuevo era él; Jesús. Su rostro, un poema; su voz, de ultratumba; sus ojos, húmedos de dolor. Aspecto joven, de unos cincuenta, moreno; el escudo de su camisa azul celeste delataba su quehacer diario. Lejos quedaba la huelga del 86, en la que antiguos compañeros acabaron detenidos en la cárcel de Torrero. Aquel año fueron tiempos heroicos, en los que se estableció un antes y un después de las relaciones laborales de TUZSA. Esa mañana iniciando su jornada, línea 30, escucho su nombre. Se volvió; era su jefe, acompañado de dos personas que le mostraron sendas placas. Recordó que había solicitado reducción de jornada. El motivo; un hijo adolescente que necesitaba de compañía en sus numerosas horas libres de instituto. Sin dudar, supo se trataba de algo serio aunque nunca pudo imaginarse lo que vendría después. Al acompañarles a las oficinas para el registro de taquilla notó las miradas de soslayo, escrutadoras, avizoradoras de sus compañeros antes de subirse al coche camino de la jefatura a dónde accedió en un tercer piso a una sala presidida por un espejo, reflejo de su alma. El tipo inició la conversación con una estudiada operación matemática del ‘cuenta y divide’ de los pronombres empleados; el ‘test del yo’ que daba un único resultado, suspenso o aprobado. Me adentraba en un territorio desconocido, un tanto surrealista. Mi perfil, le espeté, anda lejos del que usted busca. Investigaron mis cuentas, leyeron mis correos electrónicos, rastrearon mi IP tal cual perdiz roja. ‘A las nueve horas de mañana, me explicó, está usted citado a declarar ante el juez. Un hijo suyo se dedicó a acosar a compañeras de colegio; grabó imágenes con su móvil, las subió a Internet, incluyendo direcciones de correo electrónico y número del celular de cada una de las víctimas. A los pocos días, recibieron mensajes lascivos y fotografías de hombres que desconocía, proponiéndoles toda clase de vejaciones. Se le acusa de pertenecer a una red internacional de pornografía infantil. A no ser que deposite usted una fianza de 60.000€, me temo que le será complicado eludir prisión, aparte del estigma social ante su familia, amigos, vecinos’. Pero, oiga –le conteste al policía, mi hijo es imposible que ha hecho algo así; todo esto no tiene ningún sentido. ‘Eso dígaselo al juez, me contestó. Está usted metido en una tela de araña de la que le será difícil salir’.

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Posted on Viernes, abril 23 2010
Author: admin
Filed under: Aragón, Blogs, cada vida importa, Editorial, Educación, España, Estados Unidos, Europa, infancia, Justicia, medios de comunicación, Mújeres, Ocio, Opinión, Periodistas/Journalists, redes sociales, Tecnología, Vivir, zaragoza
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